Sara era una mujer rubia, joven, alta, de unos veintitrés años, cuya vida acababa de empezar. Pocos días antes logró conseguir el doctorado en periodismo. Colocó un anuncio en el periódico ''The new day'', donde días después obtuvo trabajo. Su vida era como ella quería: Tenía el trabajo que, desde pequeña, soñaba tener. Se independizó un año antes, desde la inesperada muerte de su madre, la cual murió a causa del maltrato hacia la mujer. Pero aún no era completamente feliz, necesitaba algo vital, algo que llenara el vacío que su madre causó, algo que hiciera olvidar la tristeza, necesitaba el amor.
El primer día de trabajo, Sara, nerviosa, conoció a muchos compañeros de trabajo, incluido a Leo, un hombre de carácter serio, de unos veintiocho años. Ella se interesó en él, como si los demás no existieran, solo ellos. Agarrando la pulsera de su mano derecha, regalo de su difunta madre, se acercó a él, dispuesta a pedirle una cita. Él, agradecido, aceptó.
El fin de semana ya había llegado y, con él, el día de la cita. Sara salía de su casa, ya arreglada, a las 20:30 horas de la noche. Lucía un vestido rojo y unos tacones negros, joyas que su madre guardaba desde hace años para ella y un bolso negro. Aquellas preciosas joyas eran muy importantes, ya que simbolizaban la ausencia absoluta de su madre. Llegó al restaurante donde se citaron, ''C'est la vie''. Allí estaba él, esperándola, con un traje negro, camisa blanca y corbata. Tuvieron una buena cena en aquel restaurante de lujo, pero el silencio se apoderó de ellos hasta el momento del postre.
-¿Te ha gustado la cena? -Preguntó, rompiendo el silencio.
-Sí -respondió tímida- me ha gustado.
-¿Por qué motivo me has citado aquí?
-Levanta la mirada- Quisiera conocerte mejor, desde que te vi sentí algo especial en ti.
-Se cruza de brazos- En ese caso, te contaré algo. -Se acomoda en la silla- Hace cuatro años estuve en la cárcel.
-Alterada- ¡¿Qué ocurrió?!
-Mi ex-novia fue atropellada y... -mirando la mesa- la policía me culpó a mí.
-Pero, eres inocente, ¿verdad?
-¡Por supuesto!
Desde aquella confesión volvió a aparecer el incómodo silencio.
Tiempo después comenzaron una relación en la que todo parecía ir bien. Pasados los meses, eran más felices, incluso un día, tan especial como el evento, se casaron. Comenzaron a vivir juntos y todo cambió. Leo ya no mostraba el mismo interés que antes por ella. No le hacía caso, le insultaba, e incluso a veces su mano golpeaba la cara de aquella indefensa mujer. Él la dominaba, era su esclava. Sara no salía de casa, ni siquiera a trabajar, lo tenía prohibido. A medida que pasaba el tiempo, más dolorosa era la relación. Miedo, Sara sentía miedo de dejarlo y que la matara. Estaba experimentando el mismo infierno por el que pasó su madre un año antes. Los moratones se volvían frecuentes e iban intensificándose. Ella no podía más, era joven, no podía echar su vida a perder y, mucho menos, dormir eternamente junto a su madre. Contó lo que sucedía a la policía. Ellos no tardaron mucho en poner a Leo tras las rejas de la cárcel, poniendo en su contra los maltratos dirigidos a Sara y el asesinato de su ex-novia, en la cuál él fue culpable.
Ella tuvo valor, y ello le recompensó permaneciendo y empezando una nueva vida y siendo feliz.
Ante el maltrato, no lo dudes, denúncialo.
Relatos cortos de David Cárdenas.
Logotipo.
miércoles, 2 de abril de 2014
martes, 21 de enero de 2014
El ala de Helión. Capítulo 1, parte 1.
El tío Anturón
Una lágrima caída de esos ojos azules era todo lo necesario para difundir el sentimiento que su corazón quería liberar. La mirada de aquella chica desprendía un aura triste que transmitía todo lo que llevaba dentro. David, un joven chico de 21 años, estaba allí, observando todo lo que había a su alrededor. Era el funeral de su tío, Anturón, al que no veía hace mucho tiempo. No tenían un gran vínculo emocional, pero la muerte de alguien siempre destroza algún que otro corazón. Aquel evento acabó. David se dirigió a su coche, un BMW M4 Coupé de color plateado. Una mano acarició su hombro. Se giró. Era ella, la misma chica del funeral.
-¡Espera! -le dijo sofocada mientras quitaba la mano de su hombro- Tenemos que hablar.
-¿Quién eres? -preguntó confuso.
-Ah, perdona, que despistada soy. -Acerca su cara y le saluda dándole 2 besos en las mejillas- Me llamo Angie. Soy la chica que estaba antes en el funeral, encantada.
A David le parecía guapa desde la primera vez que la vio. Era una chica rubia, con pelo liso, ojos azules, metro setenta, en forma y graduada en diseño gráfico. Su personalidad, aún desconocía de ella. David era un chico en forma, metro ochenta, con ojos color castaños y moreno.
-Yo soy David -respondió él tras una pequeña pausa- ¿De qué quería hablarme?
-Por favor, trátame como si me conocieras, me sentiría más cómoda.
-Vale, disculpa. ¿Podemos centrarnos al tema que corresponde?
-Sí, ehh... lo que quería decirte era que... -Coloca sus manos en la cabeza- ¡Ay, Dios! ¡Me he olvidado! -Metiendo las manos en el bolsillo- Siento haberte hecho perder el...
En ese momento Angie palpó algo en su bolsillo. Lo agarró y lo sacó cuidadosamente. Era un papel.
-Conmocionada- ¡Ahh! Ya me acuerdo.
Angie abrió el papel y le enseñó el contenido a David.
'Bosque Munihelle, cascada de Cantalón'
David leyó el papel y lo guardó en su bolsillo.
-¿Qué es esto? -Preguntó- Nunca he oído estos nombres.
-Tu tío Anturón, que en paz descanse, tenía alguna que otra cosa callada.
-¿A qué te refieres? -Dijo David, cada vez más confundido.
-Lo que escuchas. Tu tío tenía algunos secretos por ahí escondidos, uno de ellos era este.
-Secretos, eh... pero, ¿de qué secretos me hablas? Es decir, aquí, en el papel, solo hay 1 ubicación escrita. ¿Qué representa?
-Eso aún no lo sé, por eso necesito tu ayuda.
-Pensativo- Mi ayuda, mmh..
-Sí, por favor.
-Está bien, cuenta conmigo. Aquí está mi número. -Le da una tarjeta-
David Costa, abogado.
Calle Otoño, apartamentos 'La brisa', puerta 8ºC.
Teléfonos de contacto:
Tel.: 951753684
Móvil: 665778442
Fax: 985426473
-Bien, gracias. -Coge la tarjeta- Aquí tienes la mía. -Saca una tarjeta de su bolsillo y se la entrega-
Angie Di Angelo, diseñadora gráfica.
Calle San Mateo, urbanización 'Cuatro Rosas', casa nº 26
Teléfonos de contacto:
Tel.: 966458712
Móvil: 620400351
Fax: 901000451
-La coge- Gracias igualmente, te llamaré pronto.
Angie volvió con toda la familia. David abrió la puerta de su coche, arrancó y fue a su apartamento en el centro. Se sentó en el sofá con la tarjeta y la nota que Angie le dio en la mano. Estuvo un buen rato sentado, pensativo, hasta que recibió una llamada. Era ella, Angie, la chica del funeral, o como él la recordaba, la chica de la lágrima. Coge el móvil de la mesa y contesta.
-Alterada- ¡David, ha ocurrido algo terrible!
-Asustado- Vale, vale, cálmate, por favor, y háblame claro. ¿Qué ha ocurrido?
-Cuando te fuiste todos empezaron a irse del funeral y yo me quedé allí, sola. Salí un par de minutos a fumar un cigarrillo y cuando entré de nuevo, ¡no estaba!
-¿Qui-quién no estaba? ¡¿Anturón?!
-¡Exacto! No sé que ha podido ocurrir.
-Vale, espérame allí, no tardaré más de dos horas.
-Aquí estaré, date prisa, por favor.
Ambos cuelgan el teléfono. David se levanta del sofá de un salto, coge las llaves del apartamento y del coche, el móvil y su chaqueta Lacoste. Se la pone corriendo de camino a la puerta y, ésta, la cierra. Baja rápidamente por las escaleras ya que, el ascensor, estaba ocupado. Busca el coche y se dirige hacia él. Lo abre, se monta y arranca. 1 hora y 37 minutos más tarde, llega al lugar del funeral. Allí estaba Angie, sola, como dijo ella. David aparcó el coche y se reunió con ella.
-Corriendo- ¿Has llamado a la policía?
-¿Estás loco? -Preguntó ella- Esto tenemos que resolverlo nosotros solos, sin ayuda de nadie.
-¿Pero cómo que sin ayuda? Angie, eres diseñadora gráfica, yo abogado, no tenemos ni idea sobre investigación.
-David, no todo en la vida es estudio, hay cosas que es pura lógica. Estoy segura que podremos hacer algo.
-Si tú lo dices... entremos a ver si encontramos algo.
-¡Espera! -le dijo sofocada mientras quitaba la mano de su hombro- Tenemos que hablar.
-¿Quién eres? -preguntó confuso.
-Ah, perdona, que despistada soy. -Acerca su cara y le saluda dándole 2 besos en las mejillas- Me llamo Angie. Soy la chica que estaba antes en el funeral, encantada.
A David le parecía guapa desde la primera vez que la vio. Era una chica rubia, con pelo liso, ojos azules, metro setenta, en forma y graduada en diseño gráfico. Su personalidad, aún desconocía de ella. David era un chico en forma, metro ochenta, con ojos color castaños y moreno.
-Yo soy David -respondió él tras una pequeña pausa- ¿De qué quería hablarme?
-Por favor, trátame como si me conocieras, me sentiría más cómoda.
-Vale, disculpa. ¿Podemos centrarnos al tema que corresponde?
-Sí, ehh... lo que quería decirte era que... -Coloca sus manos en la cabeza- ¡Ay, Dios! ¡Me he olvidado! -Metiendo las manos en el bolsillo- Siento haberte hecho perder el...
En ese momento Angie palpó algo en su bolsillo. Lo agarró y lo sacó cuidadosamente. Era un papel.
-Conmocionada- ¡Ahh! Ya me acuerdo.
Angie abrió el papel y le enseñó el contenido a David.
'Bosque Munihelle, cascada de Cantalón'
David leyó el papel y lo guardó en su bolsillo.
-¿Qué es esto? -Preguntó- Nunca he oído estos nombres.
-Tu tío Anturón, que en paz descanse, tenía alguna que otra cosa callada.
-¿A qué te refieres? -Dijo David, cada vez más confundido.
-Lo que escuchas. Tu tío tenía algunos secretos por ahí escondidos, uno de ellos era este.
-Secretos, eh... pero, ¿de qué secretos me hablas? Es decir, aquí, en el papel, solo hay 1 ubicación escrita. ¿Qué representa?
-Eso aún no lo sé, por eso necesito tu ayuda.
-Pensativo- Mi ayuda, mmh..
-Sí, por favor.
-Está bien, cuenta conmigo. Aquí está mi número. -Le da una tarjeta-
David Costa, abogado.
Calle Otoño, apartamentos 'La brisa', puerta 8ºC.
Teléfonos de contacto:
Tel.: 951753684
Móvil: 665778442
Fax: 985426473
-Bien, gracias. -Coge la tarjeta- Aquí tienes la mía. -Saca una tarjeta de su bolsillo y se la entrega-
Angie Di Angelo, diseñadora gráfica.
Calle San Mateo, urbanización 'Cuatro Rosas', casa nº 26
Teléfonos de contacto:
Tel.: 966458712
Móvil: 620400351
Fax: 901000451
-La coge- Gracias igualmente, te llamaré pronto.
Angie volvió con toda la familia. David abrió la puerta de su coche, arrancó y fue a su apartamento en el centro. Se sentó en el sofá con la tarjeta y la nota que Angie le dio en la mano. Estuvo un buen rato sentado, pensativo, hasta que recibió una llamada. Era ella, Angie, la chica del funeral, o como él la recordaba, la chica de la lágrima. Coge el móvil de la mesa y contesta.
-Alterada- ¡David, ha ocurrido algo terrible!
-Asustado- Vale, vale, cálmate, por favor, y háblame claro. ¿Qué ha ocurrido?
-Cuando te fuiste todos empezaron a irse del funeral y yo me quedé allí, sola. Salí un par de minutos a fumar un cigarrillo y cuando entré de nuevo, ¡no estaba!
-¿Qui-quién no estaba? ¡¿Anturón?!
-¡Exacto! No sé que ha podido ocurrir.
-Vale, espérame allí, no tardaré más de dos horas.
-Aquí estaré, date prisa, por favor.
Ambos cuelgan el teléfono. David se levanta del sofá de un salto, coge las llaves del apartamento y del coche, el móvil y su chaqueta Lacoste. Se la pone corriendo de camino a la puerta y, ésta, la cierra. Baja rápidamente por las escaleras ya que, el ascensor, estaba ocupado. Busca el coche y se dirige hacia él. Lo abre, se monta y arranca. 1 hora y 37 minutos más tarde, llega al lugar del funeral. Allí estaba Angie, sola, como dijo ella. David aparcó el coche y se reunió con ella.
-Corriendo- ¿Has llamado a la policía?
-¿Estás loco? -Preguntó ella- Esto tenemos que resolverlo nosotros solos, sin ayuda de nadie.
-¿Pero cómo que sin ayuda? Angie, eres diseñadora gráfica, yo abogado, no tenemos ni idea sobre investigación.
-David, no todo en la vida es estudio, hay cosas que es pura lógica. Estoy segura que podremos hacer algo.
-Si tú lo dices... entremos a ver si encontramos algo.
domingo, 3 de noviembre de 2013
Cautiva en Auschwitz.
¿Cómo he podido llegar aquí? Pienso. Estoy sola, triste, vacía por dentro. Necesito confianza, apoyo, amor, pero no tengo nada, sigo asolada en este lugar oscuro. Lo sé, lo intuyo, estos días llegaran a su fin. No queda mucho tiempo. Me paso los días en una esquina, contando los segundos que pasan, intentando recordar la vida que tenía antes, imaginando mis fantasías y, sobre todo, esperando poder salir de este lugar. No sé cuanto llevo aquí, días, meses, años, no lo sé. Lo único que sé es que me muero, me muero por dentro. Mi sangre no circula, mi corazón no late, estoy muerta en vida. Recuerdo que cada día despertaba viendo el amanecer, algo que ya añoro contemplar. Lo hacía sola, sin el cariño de nadie. No podía evitar llorar, era imposible. Mis lágrimas recorrían todo mi rostro hasta llegar al suelo. Fría. Me encontraba fría, sin sentimientos, sin alma. Los días lluviosos me reflejaban. Pasaba el tiempo mirando como caían las gotas. Tampoco recuerdo la ultima vez que vi el sol. Nunca fui feliz. Perdí la razón, he intentado perder la vida, mis intentos han sido en vano. Ya solo me quedaba esperar. Las únicas amigas que tengo son la soledad y la tristeza. Mi mente creó un amigo imaginario, incluso él me abandonó. Mi autoestima se esfumó. Quería dejar esta vida, apartarme de la tierra, visitar al cielo. Las puertas de aquella oscura habitación se abrían. Mis ojos se cegaron al ver la luz. Volví a recuperar la vista y había una silueta que se acercaba a mí. Asustada, le agarré la mano y me ayudó a salir de allí. No lo entendía, ¿sería este mi fin? Salí de allí, miraba de un lado a otro. ¿Dónde estaba? Repetía una y otra vez. Cada vez que caminaba me caía, era incapaz de sostenerme. Todos me miraban. ¿Qué querían? Trabajaban forzosamente sin descanso. Me llevaron a las duchas. Me fijé en un detalle. ¡Demonios! Cuatro años, cuatro malditos años llevo encerrada en este infierno. ¿Cómo se puede vivir sola, con frío, apenas con comida y sin el cariño de las personas a las que amas? Me tomé un baño con el agua congelada, que remedio. Me enviaron de nuevo a aquella oscura habitación. Vuelvo a estar sin luz. Nunca hice nada malo, siempre ayudé a los demás. ¿Por qué a mí? ¿Por qué me hacen esto cuando entregué todo mi amor? Perdí a todos de un día para otro. Me rompieron el corazón, me robaron el alma y me lavaron el cerebro. Perdí la memoria. Vivo con el tormento de esta sucia vida, deseando que mi muerte llegue pronto. Toda mi vida se mide en tiempo y no en momentos felices, ya que nunca tuve la ocasión de vivir uno. Oigo gritos, disparos y golpes. ¿Qué está ocurriendo ahí fuera? Una luz. Veo una débil luz entrando por un ventanuco desde donde se escucha una voz. ¿A quién pertenecía? Las puertas se vuelven a abrir, es la misma persona que vino antes. Me agarra, me empuja y me coloca al final de una larga fila de personas. Una cámara se abrió. Todos entraron, uno a uno, lentamente. La puerta se cierra. Todos lloran. Parece ser que hasta aquí hemos llegado, nuestras vidas llegan a su fin. Se oye un ruido estremecedor. Cada vez me cuesta más y más respirar. Tantos años de tortura, tantos años de dolor. ¿Me mereceré esta muerte tan fraudulenta? No puedo respirar, me quedo sin aire. Espero poder reunirme con mis seres queridos allí arriba. Me caigo al suelo, estoy muriéndome. Cierro los ojos, ya todos están muertos, y llega mi turno. En mi horrenda estancia aquí he aprendido algo, y es que todo principio tiene su final, y este es el mío.
sábado, 26 de octubre de 2013
Amarás a quien no te ama por no haber amado a quien te amó.
No, no puedo. No puedo esconder todo lo que siento por ella a estas alturas, pero la duda me echa hacia atrás. Si se lo confieso, ¿responderá sí o, tal vez, no? No puedo seguir callando lo que siento cuando la veo. A su lado el tiempo vuela, mi corazón se acelera, mi cuerpo se inmoviliza, todo es diferente junto a ella. Pero también siento miedo. Miedo de que diga no. Miedo de perder la amistad. Miedo de perderla para siempre. No quiero que suceda eso. La veo todos los días. Nadie sabe el dolor que llevo dentro. El dolor de callarme y tenerla a mi lado sin poder expresar lo que mi corazón siente. Eso acabaría. Prometí armarme de valor y, sea cual sea la respuesta, lo aceptaré. O eso espero...
Quedamos en un pequeño parque que había junto a un instituto. Cuando llegué, ella ya estaba allí. Estaba sentada en un banco y me senté a su lado. Le cogí la mano, le miré fijamente a sus ojos, azules como el cielo, y me atreví a contarle todo lo que mi corazón quería liberar.
-Verás, Aurora. He estado ocultando esto mucho tiempo y no aguanto más.
-Preocupada- ¿De qué se trata?
-Durante varios meses, he vivido un tormento, y es debido a que he sentido cosas por ti. No me atrevía a decírtelo, no tenía suficiente valor para contártelo. Pero ahora que lo sabes, solo tengo una pregunta. ¿Sientes lo mismo que yo?
En ese momento, apareció un largo silencio. Uno de esos silencios en los que no sabes que decir, o ni siquiera si deberías hablar. Aurora agachó la cabeza. En varios segundos la levantó, riendo a carcajadas.
-Riendo- ¿Pero qué dices? ¿Yo? ¿Contigo? Ni lo sueñes.
Aurora se fue corriendo y riendo. Ya no se veía a lo lejos de la calle. Rompí en lágrimas. Fui tonto. Ella era la chica más hermosa del instituto, ¿cómo se fijaría en mí?
Varios meses después, perdimos la conexión entre nosotros. Vi en un periódico reciente una noticia que me impactó:
''Joven estudiante de secundaria fue atropellada ayer en la carretera general. Actualmente está en el hospital y permanece con vida.''
Era Aurora. Me dirigí al hospital para visitarla. Aquel accidente hizo escapar toda su belleza, arruinándola por completo. Allí, Aurora echó la mirada hacia el pasado, recordando el rechazo de hace meses.
-Verás, David -Comenzó- Ahora me doy cuenta del gran error que cometí aquel día.
-Sorprendido- ¿Qué quieres decir?
-Querría saber si me darías una oportunidad.
-¿Una oportunidad? -Se queda callado por unos segundos- ¿Sabes qué? Me hicistes sufrir, destruistes mi corazón, mi vida. Tardé meses y meses en olvidarte. Me costó mucho que salieras de mi vida. ¿Aún pretendes que unas simples palabras arreglen meses de dolor?
-Pero...
-No, Aurora, estás muy equivocada. Solo te digo una cosa que espero que nunca olvides, y es que amarás a quien no te ama por no haber amado a quien te amó.
En aquel instante me fui y ninguno de los dos sufrimos nada por el otro.
Jamás.
Quedamos en un pequeño parque que había junto a un instituto. Cuando llegué, ella ya estaba allí. Estaba sentada en un banco y me senté a su lado. Le cogí la mano, le miré fijamente a sus ojos, azules como el cielo, y me atreví a contarle todo lo que mi corazón quería liberar.
-Verás, Aurora. He estado ocultando esto mucho tiempo y no aguanto más.
-Preocupada- ¿De qué se trata?
-Durante varios meses, he vivido un tormento, y es debido a que he sentido cosas por ti. No me atrevía a decírtelo, no tenía suficiente valor para contártelo. Pero ahora que lo sabes, solo tengo una pregunta. ¿Sientes lo mismo que yo?
En ese momento, apareció un largo silencio. Uno de esos silencios en los que no sabes que decir, o ni siquiera si deberías hablar. Aurora agachó la cabeza. En varios segundos la levantó, riendo a carcajadas.
-Riendo- ¿Pero qué dices? ¿Yo? ¿Contigo? Ni lo sueñes.
Aurora se fue corriendo y riendo. Ya no se veía a lo lejos de la calle. Rompí en lágrimas. Fui tonto. Ella era la chica más hermosa del instituto, ¿cómo se fijaría en mí?
Varios meses después, perdimos la conexión entre nosotros. Vi en un periódico reciente una noticia que me impactó:
''Joven estudiante de secundaria fue atropellada ayer en la carretera general. Actualmente está en el hospital y permanece con vida.''
Era Aurora. Me dirigí al hospital para visitarla. Aquel accidente hizo escapar toda su belleza, arruinándola por completo. Allí, Aurora echó la mirada hacia el pasado, recordando el rechazo de hace meses.
-Verás, David -Comenzó- Ahora me doy cuenta del gran error que cometí aquel día.
-Sorprendido- ¿Qué quieres decir?
-Querría saber si me darías una oportunidad.
-¿Una oportunidad? -Se queda callado por unos segundos- ¿Sabes qué? Me hicistes sufrir, destruistes mi corazón, mi vida. Tardé meses y meses en olvidarte. Me costó mucho que salieras de mi vida. ¿Aún pretendes que unas simples palabras arreglen meses de dolor?
-Pero...
-No, Aurora, estás muy equivocada. Solo te digo una cosa que espero que nunca olvides, y es que amarás a quien no te ama por no haber amado a quien te amó.
En aquel instante me fui y ninguno de los dos sufrimos nada por el otro.
Jamás.
domingo, 20 de octubre de 2013
Capítulo 2 'La casa aislada': Sacrificio.
Ya han pasado seis meses desde lo que ocurrió en aquella casa. Yo sigo aquí, solo, atormentado, pensando y recordando a cada segundo todos los momentos, buenos y malos, que viví con ellas. Estoy vagando por las calles, sin nada que hacer. He perdido las ganas de vivir. Sé que poco a poco mi corazón deja de latir, como si estuviera muerto en vida. Regresé a aquella casa en busca de pruebas. Era curioso, ya no estaba allí. Debí olvidar las coordenadas, o tal vez la derrumbaron, no sé. Todo lo sacaré a luz. Tendré que averiguarlo yo solo. Intenté acudir a la policía. Me tomaron por loco, aunque, estoy empezando a pensar que así es. En mis sueños, siento como aún puedo oler el perfume de mi mujer y la fragancia de mi hija, como si estuvieran a mi lado día a día. Aumentaban mis ganas de tenerlas a mi lado, abrazarlas, besarlas. Mi única esperanza, aunque fuera una locura, era contactar con ellas mediante un exorcismo o algo parecido. Situé en mi habitación una tabla con el alfabeto y una púa en uno de sus extremos. Encendí cuatro velas rojas y cuatro velas blancas entorno a la habitación. Se senté y coloqué mis dedos en la púa. Notaba como poco a poco se movía sin mi ayuda.
'Estamos contigo, no temas'
Aquella tabla expresaba ese mensaje. Recogí todo, pensando que no sirvió de nada. Me dirigí hacia el salón para ver la tele. Me fijé en el sofá. Por lo alto asomaban dos cabezas. Me acerqué lentamente. Me coloqué de frente. No me lo podía creer, eran ellas. Quedé alucinado. Un mensaje provenía de a lo lejos, en el cual se escuchaba:
'Derramar tu sangre, símbolo de libertad hacia seres queridos.'
¿Quería que me sacrificara para que ellas volvieran a la vida? Fuera lo que fuese aquel mensaje, no quería seguir viviendo solo. Lo hice, me quité la vida por ellas. Daría todo mi aprecio y mi amor, pero mi vida, es una forma de expresar que todo lo que hay en ella se queda corto para explicar lo que sentía por aquellas dos personas.
'Estamos contigo, no temas'
Aquella tabla expresaba ese mensaje. Recogí todo, pensando que no sirvió de nada. Me dirigí hacia el salón para ver la tele. Me fijé en el sofá. Por lo alto asomaban dos cabezas. Me acerqué lentamente. Me coloqué de frente. No me lo podía creer, eran ellas. Quedé alucinado. Un mensaje provenía de a lo lejos, en el cual se escuchaba:
'Derramar tu sangre, símbolo de libertad hacia seres queridos.'
¿Quería que me sacrificara para que ellas volvieran a la vida? Fuera lo que fuese aquel mensaje, no quería seguir viviendo solo. Lo hice, me quité la vida por ellas. Daría todo mi aprecio y mi amor, pero mi vida, es una forma de expresar que todo lo que hay en ella se queda corto para explicar lo que sentía por aquellas dos personas.
sábado, 12 de octubre de 2013
Viaje al futuro.
Parecía tan real que difícilmente se confundía con un sueño. Todo ocurrió exactamente la noche pasada. Estaba paseando por la ciudad. Caminé rumbo a la plazoleta principal, pero algo me desconcertó. Todo estaba vacío. No había nadie, ni siquiera las palomas que descansaban en lo alto de la iglesia. Las tiendas cerradas, periódicos tirados en el suelo y, lo más extraño, una pared derrumbada. Me acerqué y entré en el gran agujero. Todo estaba oscuro y, por más que avanzaba, no veía el final. Por un momento pensé que era un túnel sin salida. Vi una luz. A medida que caminaba la veía mejor. Pensé que era el fin de aquel largo túnel. Acerté. Todo volvió a estar oscuro pero, al instante, un destello deslumbró mis ojos. Los cerré. Cuando los abrí aquella luz desapareció. ¿Qué ocurrió en ese momento? Aparecí en un bosque. Sentí una extraña presencia moviéndose inquietamente de un lado a otro. Miré a los lados. No lo entendía, estaba solo. Encontré una mansión. Me acerqué y el portón se abrió solo, parecía que alguien me esperaba dentro, sabía de mi visita. Exploré toda la mansión y no había nadie. Cada vez estaba más desconcertado. Me tumbé en una grande y cómoda cama en una habitación que había al fondo del pasillo y me quedé profundamente dormido, como si llevara horas caminando en busca de algo. Al despertar me dirigí al portón dispuesto a salir, pues no era mi casa. ¿Qué dirían los dueños si me vieran allí? Me recordaba al clásico cuento de Ricitos de Oro. Cuando lo hice me quedé patidifuso. ¿Dónde estaba? Antes había un frondoso bosque y ahora me encuentro perdido en una gran ciudad repleta de luces de neón. Cogí un periódico y miré donde me encontraba. Me hallaba en 'El Paraíso Negro'. Parecía ser que se nombraba así puesto que siempre era de noche. Seguidamente miré la fecha pero, ¿qué significaba esto? ¿Era una broma? ¡Estaba a día 25 de Abril de 2156! ¿Dormí un largo sueño o aquella mansión viajó en el tiempo? No, era imposible. Paseé por la ciudad en busca de respuestas. Las aceras se movían solas como escaleras mecánicas y los coches flotaban en el aire. No podía creer lo que veía. Agarré un mapa de una agencia de viajes y caminé hacia la ubicación de la mansión. Entré y volví a tumbarme en la cama, esta vez para comprobar si viajaba en el tiempo o no. Volví a salir de la mansión y, otra vez aquí, en el bosque. La extraña presencia aún la sentía. Mientras no estaba allí ocurrió algo, pensé a primera vista que podía ser debido a un terremoto. Todos los árboles estaban derrumbados. Miré a lo lejos del bosque y estaba la extraña presencia, en pie. Se dirigía hacia mí. Corrí hacia la mansión, me escondí allí durante 10 minutos y cuando salí volví a aparecer en la ciudad. Definitivamente era la mansión la que viajaba en el tiempo, ya que en ese período no dormí. Pero aún la presencia me atormentaba. La ciudad que antes estaba desierta ahora se encontraba llena de sombras. Me acorralaban, me empujaban, me gritaban. Cerré los ojos asustado. Cuando los volví a abrir vi que estaba en mi casa, tumbado en mi cama y mi madre gritándome:
'¡Despierta, vas a llegar tarde a clase!'
Me alegré, ya que los empujones, los gritos y la presencia era la forma de despertarme de mi madre y aquel espantoso futuro era un sueño irreal.
'¡Despierta, vas a llegar tarde a clase!'
Me alegré, ya que los empujones, los gritos y la presencia era la forma de despertarme de mi madre y aquel espantoso futuro era un sueño irreal.
domingo, 6 de octubre de 2013
Pesadilla versión 1: Premonición.
20:30 horas. Gianni salía de la oficina. porfin la dura semana de trabajo llega a su fin. Se dirigió a su ciclomotor que estaba encadenado junto a un árbol. Abrió el candado, quitó la cadena y se puso el casco. Subió y arrancó. Iba tranquilo, ojeando detenidamente las calles. Llegó a un cruce. Rojo. El semáforo estaba en rojo. Al otro lado del cruce se acercaba un camión, llevaba prisa. El semáforo que daba preferencia a Gianni se puso en verde. En cambio, el que se la daba a Jerry, el conductor del camión, estaba en rojo. Gianni estaba dispuesto a cruzar. Jerry, impaciente, quitó el freno de mano, pisó el embrague mientras colocaba la primera marcha y, soltándolo, pisaba el acelerador. Jerry no vio a Gianni y él no pudo actuar. Aquel peligroso cruce se tiñó de rojo. Jerry se dio a la fuga. Nadie vio nada. Gianni estaba allí, destrozado. Una mujer estaba paseando y lo vio tirado en el suelo. Rápidamente, llamó a la ambulancia. No tardaron en llegar. Se lo llevaron al hospital. Jerry se enteró seis horas después y decidió visitarle. Lo vio, vendado de la cabeza a los pies. entró en la habitación, se sentó y se quedó dormido. Mientras descansaba los doctores cuidaban a Gianni. Veían que Jerry se movía, inquieto, como si tuviera una pesadilla. en ella, recordaba todo lo que sucedió y se levantó dando un salto en la silla. Levantó la mirada hacia el frente. Gianni ya no estaba en la cama. De repente, apareció delante suya y lo mató. Despertó de aquella horrible pesadilla, se puso en pie y, poco a poco, asustado, levantó la mirada. En la realidad, Gianni tampoco estaba allí. Aterrorizado, miró de un lado a otro y se dirigió a la puerta, tratando de abrirla. no podía, estaba cerrada con cerrojo. Una mano acarició su hombro. Jerry se giró y era él, vendado, de pie, junto a Jerry. Las vendas que cubrían a Gianni se desprendieron hasta el sueloo, descubriendo todo su cuerpo ensangrentado y con los huesos rotos. Jerry intentó derrumbar la puerta, tratando de escapar. Ésta se rompió y él se fue a su casa corriendo sin mirar atrás. Los doctores, preocupados, entraron en la habitación, pero solo vieron a Gianni vendado y tumbado en la cama. Jerry llegó a su casa sofocado, con el corazón en la mano. Se dio una ducha, se dirigió a su cama y decidió dormir. A la mañana siguiente su habitación estaba repleta de vendas y Jerry atado en la cama. Parecía una pesadilla. La puerta se abrió y entró Gianni. Lo agarró del cuello, se acercó a él y le susurró:
-Vas a morir.
En aquel momento desapareció. Una luz blanca cegó sus ojos y volvió a ver a Gianni, pero esta vez con el aspecto de antes del accidente. Se acercó y le dijo:
-Vuelve al lugar donde ocurrió todo, a la misma hora.
Todo aquel espanto se esfumó y Jerry fue al cruce. Se situó en el centro. Todo se volvió oscuro. Aparecieron dos Giannis, el vivo y el muerto. Él no entendía nada. Empezaron a hablar con una voz grave.
-Por tu culpa ahora estoy muerto, ahora te toca a ti -Señala a Gianni muerto- Él te iba a ayudar pero yo te tendí una trampa.
-¿Qu-qué quieres decir? -Dijo aterrorizado- Gianni, lo siento, no lo hice queriendo, ¡fue un accidente!
-Me da igual, perdí mi vida, ahora sufrirás lo que yo he aguantado. -Gira la mirada hacia el fondo de la calle- Ahí viene tu destino.
Un camión se acercaba a 160km/h. Gianni, el muerto, estaba intentando hacer algo. Jerry cerró los ojos. El tiempo transcurría. Los volvió a abrir y vio a Gianni empujando el camión. El otro, intentó apartarle.
-¡Quita de ahí! ¡Este es su destino!
-No, no lo es. ¡Abre los ojos por Dios! Mírate, estás tratando de quitarle la vida a una persona solo por un accidente del que no tuvo culpa.
-Bien. Habrá que tomar medidas.
El camión explotó y el fuego quemó a Jerry. Todo desapareció, como un vacío, una distorsión de tiempo y espacio, todo oscuro.
-¿Eh? ¿Dónde estoy?
A lo lejos apareció Gianni rodeado de una luz blanca.
-Estás muerto. Tu alma está vagando por el mundo, buscando la paz. Permanecerás aquí para siempre, lo siento.
Jerry abrió los ojos, ¿todo fue un sueño? Él estaba en su camión, conduciendo tranquilo. De repente, el cristal se empaó de sangre. Bajó del camión y vio a Gianni tirado, de la misma forma del sueño.
-¡¿Qué diantres está pasando?!
Todo estaba transcurriendo al igual que en el sueño. Jerry sabía que tarde o temprano iba a morir. Aquella premonición se cumplió y acabó en el mismo estado lamentable: Sin vida.
-Vas a morir.
En aquel momento desapareció. Una luz blanca cegó sus ojos y volvió a ver a Gianni, pero esta vez con el aspecto de antes del accidente. Se acercó y le dijo:
-Vuelve al lugar donde ocurrió todo, a la misma hora.
Todo aquel espanto se esfumó y Jerry fue al cruce. Se situó en el centro. Todo se volvió oscuro. Aparecieron dos Giannis, el vivo y el muerto. Él no entendía nada. Empezaron a hablar con una voz grave.
-Por tu culpa ahora estoy muerto, ahora te toca a ti -Señala a Gianni muerto- Él te iba a ayudar pero yo te tendí una trampa.
-¿Qu-qué quieres decir? -Dijo aterrorizado- Gianni, lo siento, no lo hice queriendo, ¡fue un accidente!
-Me da igual, perdí mi vida, ahora sufrirás lo que yo he aguantado. -Gira la mirada hacia el fondo de la calle- Ahí viene tu destino.
Un camión se acercaba a 160km/h. Gianni, el muerto, estaba intentando hacer algo. Jerry cerró los ojos. El tiempo transcurría. Los volvió a abrir y vio a Gianni empujando el camión. El otro, intentó apartarle.
-¡Quita de ahí! ¡Este es su destino!
-No, no lo es. ¡Abre los ojos por Dios! Mírate, estás tratando de quitarle la vida a una persona solo por un accidente del que no tuvo culpa.
-Bien. Habrá que tomar medidas.
El camión explotó y el fuego quemó a Jerry. Todo desapareció, como un vacío, una distorsión de tiempo y espacio, todo oscuro.
-¿Eh? ¿Dónde estoy?
A lo lejos apareció Gianni rodeado de una luz blanca.
-Estás muerto. Tu alma está vagando por el mundo, buscando la paz. Permanecerás aquí para siempre, lo siento.
Jerry abrió los ojos, ¿todo fue un sueño? Él estaba en su camión, conduciendo tranquilo. De repente, el cristal se empaó de sangre. Bajó del camión y vio a Gianni tirado, de la misma forma del sueño.
-¡¿Qué diantres está pasando?!
Todo estaba transcurriendo al igual que en el sueño. Jerry sabía que tarde o temprano iba a morir. Aquella premonición se cumplió y acabó en el mismo estado lamentable: Sin vida.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)