Sara era una mujer rubia, joven, alta, de unos veintitrés años, cuya vida acababa de empezar. Pocos días antes logró conseguir el doctorado en periodismo. Colocó un anuncio en el periódico ''The new day'', donde días después obtuvo trabajo. Su vida era como ella quería: Tenía el trabajo que, desde pequeña, soñaba tener. Se independizó un año antes, desde la inesperada muerte de su madre, la cual murió a causa del maltrato hacia la mujer. Pero aún no era completamente feliz, necesitaba algo vital, algo que llenara el vacío que su madre causó, algo que hiciera olvidar la tristeza, necesitaba el amor.
El primer día de trabajo, Sara, nerviosa, conoció a muchos compañeros de trabajo, incluido a Leo, un hombre de carácter serio, de unos veintiocho años. Ella se interesó en él, como si los demás no existieran, solo ellos. Agarrando la pulsera de su mano derecha, regalo de su difunta madre, se acercó a él, dispuesta a pedirle una cita. Él, agradecido, aceptó.
El fin de semana ya había llegado y, con él, el día de la cita. Sara salía de su casa, ya arreglada, a las 20:30 horas de la noche. Lucía un vestido rojo y unos tacones negros, joyas que su madre guardaba desde hace años para ella y un bolso negro. Aquellas preciosas joyas eran muy importantes, ya que simbolizaban la ausencia absoluta de su madre. Llegó al restaurante donde se citaron, ''C'est la vie''. Allí estaba él, esperándola, con un traje negro, camisa blanca y corbata. Tuvieron una buena cena en aquel restaurante de lujo, pero el silencio se apoderó de ellos hasta el momento del postre.
-¿Te ha gustado la cena? -Preguntó, rompiendo el silencio.
-Sí -respondió tímida- me ha gustado.
-¿Por qué motivo me has citado aquí?
-Levanta la mirada- Quisiera conocerte mejor, desde que te vi sentí algo especial en ti.
-Se cruza de brazos- En ese caso, te contaré algo. -Se acomoda en la silla- Hace cuatro años estuve en la cárcel.
-Alterada- ¡¿Qué ocurrió?!
-Mi ex-novia fue atropellada y... -mirando la mesa- la policía me culpó a mí.
-Pero, eres inocente, ¿verdad?
-¡Por supuesto!
Desde aquella confesión volvió a aparecer el incómodo silencio.
Tiempo después comenzaron una relación en la que todo parecía ir bien. Pasados los meses, eran más felices, incluso un día, tan especial como el evento, se casaron. Comenzaron a vivir juntos y todo cambió. Leo ya no mostraba el mismo interés que antes por ella. No le hacía caso, le insultaba, e incluso a veces su mano golpeaba la cara de aquella indefensa mujer. Él la dominaba, era su esclava. Sara no salía de casa, ni siquiera a trabajar, lo tenía prohibido. A medida que pasaba el tiempo, más dolorosa era la relación. Miedo, Sara sentía miedo de dejarlo y que la matara. Estaba experimentando el mismo infierno por el que pasó su madre un año antes. Los moratones se volvían frecuentes e iban intensificándose. Ella no podía más, era joven, no podía echar su vida a perder y, mucho menos, dormir eternamente junto a su madre. Contó lo que sucedía a la policía. Ellos no tardaron mucho en poner a Leo tras las rejas de la cárcel, poniendo en su contra los maltratos dirigidos a Sara y el asesinato de su ex-novia, en la cuál él fue culpable.
Ella tuvo valor, y ello le recompensó permaneciendo y empezando una nueva vida y siendo feliz.
Ante el maltrato, no lo dudes, denúncialo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario